Cuando criar se siente más pesado que sagrado

Jun 9, 2025 | Maternidad | 0 Comentarios

Reforzando el enfoque en la esperanza, el propósito y el consuelo en Dios


Hay días en que la maternidad pesa más de lo que imaginábamos. Momentos en que te sientes desplazada, como si todo lo que sueñas o necesitas tuviera que ponerse en pausa indefinida. Quieres avanzar en algo personal y nada fluye, los niños te llaman, la casa se desordena, y sin darte cuenta sientes que te estás perdiendo en medio de lo cotidiano.

Con el tiempo, aprendí algo que me aferro a repetir: criar también es una forma de adorar. Porque aunque parezca que nos detiene, en realidad nos alinea con el cielo.

El mundo grita que los hijos atrasan, que interrumpen los planes, que te quitan libertad, que son una carga…
Pero desde el principio, Dios dijo algo muy distinto:

“Tengan muchos hijos para así poblar el mundo y ejercer control sobre él…”
Génesis 1:28 (PDT)

Tener hijos no fue idea de esta cultura. Fue un diseño eterno. No se trata solo de multiplicar personas, sino de reflejar su imagen, extender su amor, edificar su Reino. Un hijo no interrumpe tu propósito… te posiciona en él.

¡Estás siendo formada!

Y lo que pocas veces se dice es que en la maternidad no solo se forman los hijos… también nos formamos nosotras.
Criar es una escuela viva, donde se estiran los músculos del alma: la paciencia, la mansedumbre, el dominio propio.

Descubrimos habilidades que no sabíamos que teníamos. Aprendemos a interpretar silencios, a amar sin condiciones, a hablar con sabiduría y a callar con gracia. Nos volvemos más creativas en medio del caos, más fuertes en medio de la fragilidad.
Dios no solo está formando a tu hijo. También te está formando a ti. Y lo está haciendo con amor, a fuego lento, en los detalles.

Cuando ya no puedes más…

Las madres llevamos muchas cargas que no siempre se ven: la culpa cuando gritamos, la frustración cuando no logramos avanzar en algo que teníamos planeado, el miedo de estar fallando, la presión silenciosa de hacerlo todo bien…

Y justo ahí, cuando sentimos que ya no podemos más, hay una historia que me abraza el corazón cada vez que la recuerdo: la de la mamá de Moisés.

Ella también cargó con más de lo que podía. Por un tiempo logró ocultarlo, calmar sus llantos, convivir con el temor de que lo descubrieran. En sus brazos llevaba un milagro… pero también una angustia que se volvía cada día más difícil de sostener.

Hasta que llegó ese momento en que ya no pudo más. Y entonces, con el corazón temblando, preparó una canasta, la recubrió con ternura, colocó allí a su bebé… y lo soltó al río.

“Pero no pudiendo ocultarlo por más tiempo, tomó una cestilla de juncos y la cubrió con asfalto y brea. Entonces puso al niño en ella, y la colocó entre los juncos a la orilla del Nilo.”
Éxodo 2:3 (NBLA)

Ese fue su acto de rendición. Soltó lo que ya no podía controlar, creyendo que Dios se encargaría del resto. Y así fue: la corriente que parecía llevarse a su hijo lo condujo al lugar exacto.
¡Volvió a sus brazos! Pero en el tiempo y de la forma que solo el corazón de Dios pudo escribir.

Aprendí a soltar… una y otra vez

No te hablo desde la teoría. También he tenido que soltar canastas.

Recuerdo un mediodía en que mi hijo pequeño no dejaba de llorar. Yo solo quería terminar el almuerzo y tener ese momento donde suelo conectar con Dios. Pero no pude. Todo me sobrepasó. Lloré. Y le dije al Señor:
«Esto me supera. No puedo ni adorarte como quisiera… toma el control.»

A los pocos minutos, un silencio llenó la casa. Cuando fui a buscarlo, estaba dormido.
Lo impresionante era que él nunca se dormía solo, y menos a esa hora.

En ese instante lo supe: Dios escuchó. Me recordó que no estoy sola.

Y sí… Jesús también se cansaba

Eso me consuela tanto. Saber que Jesús se retiraba a descansar, que buscaba momentos de silencio. Él no vivía con una exigencia de perfección, sabía cuándo detenerse, orar, respirar.

“Así que Jesús muchas veces se alejaba al desierto para orar…”
Lucas 5:16 (NTV)

Él entiende tu ritmo, tu carga, tu alma cansada. No solo como Dios, sino como un Salvador que vivió lo humano.
Puedes hablarle sin filtro y decirle: «Papá, hoy estoy cansada… pero aquí estoy.»

Cuando todo pesa, suelta y confía

Hay días en que todo parece acumularse: el cansancio emocional, las dudas, las exigencias… y parece demasiado.
Pero eso no te hace una mala madre. Solo te recuerda que eres humana, y que estás amando con todo tu corazón.

A veces, lo más valiente no es resistir con más fuerza… sino soltar con más fe.
Soltar no es rendirse al caos. Es descansar en Aquel que da fruto incluso en medio del desorden: amor cuando falta, paciencia cuando arde la impaciencia, gozo cuando los días pesan.
Criar desde la dependencia es una forma poderosa de rendición. También es adoración.

Un recordatorio para tu corazón

En cada abrazo que das, en cada corrección con ternura, en cada noche en vela o palabra susurrada con fe… estás sembrando eternidad. Aunque a veces no lo veas, Dios sí lo ve.
Él conoce tu corazón mejor que nadie. Sigue confiando. Sigue amando. Y no lo olvides:
lo estás haciendo bien, incluso en los días más inciertos.

“Instruye al niño en el camino que debe andar, y aun cuando sea viejo no se apartará de él.”
Proverbios 22:6 (NBLA)

Tal vez hoy necesitabas este respiro…

No tienes que tenerlo todo bajo control. Solo necesitas presentarte con sinceridad ante Aquel que te ama y te entiende.

“Señor, estoy cansada… pero gracias.
Gracias porque estás conmigo, incluso cuando no lo siento.
Ayúdame a criar con amor, a ver con tus ojos,
y a no olvidar que todo esto… también es parte de adorarte.
Tomo tu fuerza, suelto mi canasta… y descanso en tus manos. Amén.”

Para terminar…

Pidamos juntas que Dios nos ayude a disfrutar esta etapa. Que podamos vivir la maternidad con agrado, no como una carga. Que su Espíritu nos vista con amor, paz, paciencia, bondad, mansedumbre, templanza y dominio propio (Gálatas 5:22-23).

Nuestros hijos no son un peso. Son herencia eterna, regalos de Dios.
No te sientas culpable. Estás haciendo más de lo que imaginas.
Y sí, mamá… ¡lo estás haciendo bien…!

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